
Estudio revela que el alga Asparagopsis reprograma microbios intestinales en vacas y mejora su eficiencia alimentaria.
- Reducción masiva de metano con algas rojas.
- Microbios del rumen reorganizados.
- Alimentación más eficiente y estable.
- Nueva vía biológica sin químicos.
- Potencial para ganadería baja en emisiones.
Las algas rojas reorganizan el intestino de las vacas y logran recortar drásticamente el metano
Las algas rojas reorganizan el intestino de las vacas y logran recortar drásticamente el metano

Una vaca lechera puede liberar cada año unos 90,7 kilogramos de metano a la atmósfera. Parece poco, pero este gas atrapa mucho calor en el corto plazo y multiplica el impacto climático de cada eructo. Desde hace años, el sector investiga cómo frenar estas emisiones sin comprometer la salud ni la productividad de los animales. Ahora surge una pista inesperada: una pequeña alga roja capaz de “reprogramar” el ecosistema microbiano dentro del rumen.
Un equipo dirigido por Matthias Hess, microbiólogo de la Universidad de California en Davis, ha observado que ciertas algas del género Asparagopsis modifican profundamente la actividad de los microbios del estómago de las vacas. En un experimento controlado con ocho vacas durante catorce días, los animales suplementados con una pequeña cantidad de alga seca redujeron sus emisiones de metano cerca de un 60%, manteniendo su estado fisiológico y su producción de leche.
Por qué importa el metano del ganado
El ganado es responsable de cerca de un tercio de las emisiones de metano de origen humano, una cifra que no hace más que subrayar la urgencia de actuar. Este gas calienta el planeta con rapidez durante los primeros años tras su liberación, lo que convierte a la ganadería en un foco prioritario. En las vacas, gran parte del metano se genera en el rumen, donde los microbios transforman el hidrógeno y compuestos carbonados en este gas, que después escapa en forma de eructos.
Este proceso es natural, pero tremendamente ineficiente desde el punto de vista energético: parte de la energía que el animal podría aprovechar se escapa literalmente al aire.
El papel sorprendente de las algas rojas
Las algas Asparagopsis producen compuestos como el bromoformo, que interfieren con las enzimas clave de los microbios que fabrican metano. La ciencia ya había apuntado en esa dirección, pero los nuevos resultados confirman que el impacto va mucho más allá de bloquear una ruta metabólica.
En estudios previos, la suplementación con esta alga había logrado recortes de metano superiores al 66% en vacas lecheras, incluso bajo condiciones de estabulación controlada. El equipo de Hess confirma ahora que no solo se corta la producción de metano, sino que el rumen parece reorganizarse hacia un equilibrio más eficiente, con un mayor aprovechamiento del alimento.
Las vacas que consumieron algas no sólo emitieron menos metano, sino que también transformaron el pienso en leche con una eficiencia un 75% mayor. Una mejora notable para un simple ajuste nutricional.
La aparición inesperada de un nuevo microbio
¿Por qué ocurre esto? Para responder, el equipo secuenció ADN y ARN del rumen, observando qué genes se activaban o apagaban con la dieta rica en algas. Y ahí surgió una sorpresa: un microbio hasta ahora poco conocido, perteneciente al género Duodenibacillus, se multiplicó rápidamente.
Cuando la producción de metano cae, el hidrógeno —su combustible principal— se acumula en el rumen. Demasiado hidrógeno podría acidificar el medio y comprometer la salud animal. Sin embargo, Duodenibacillus parece entrar en escena justo a tiempo: absorbe ese hidrógeno y lo transforma en succinato, una molécula que la vaca puede utilizar más adelante para fabricar proteínas. Es decir, rescata energía que antes escapaba en forma de gas.
Este hallazgo sugiere que el rumen puede migrar hacia un nuevo estado, estable y más sostenible, donde el hidrógeno lo “captan” microbios aliados y no los productores de metano.
La competencia microbiana por el hidrógeno
Los microbios metanógenos llevan millones de años ganando esta batalla: son los principales sumideros de hidrógeno en los rumiantes. Pero cuando la alga bloquea sus enzimas, se abre un hueco ecológico que otros microorganismos aprovechan. Spencer Diamond, del Innovative Genomics Institute, señala que existen microbios nativos capaces de usar ese hidrógeno de forma más eficiente, solo necesitan que se les dé espacio.
La respuesta de las vacas alimentadas con algas lo demuestra: sube el hidrógeno, disminuye el metano, aparece un nuevo actor microbiano y cambia por completo el flujo energético dentro del rumen.
Un sistema digestivo que se adapta
La clave del estudio es que estas transformaciones no alteran la digestión básica del animal. El ecosistema microbiano encuentra un nuevo equilibrio, más eficiente energéticamente y con menos emisiones. Sí, una especie de “rumen renovado” que trabaja mejor con la misma dieta.
Además, estos cambios no solo benefician al clima. Menos metano significa más energía retenida en el cuerpo del animal. Y en un momento en el que la ganadería busca ser más sostenible sin perder productividad, este tipo de soluciones tienen un valor incalculable.
Microbios, algas y nuevos caminos
El uso de algas en explotaciones extensivas plantea retos: su producción a gran escala requiere cultivos marinos controlados y cadenas de suministro estables. La buena noticia es que los investigadores ya ven alternativas. El mapa genético del rumen tratado con algas ofrece una vía distinta: probioticos diseñados específicamente, capaces de potenciar a microbios como Duodenibacillus sin necesidad de añadir alga en cada comida.
También podría desarrollarse selección genética para criar vacas que, de manera natural, alberguen poblaciones microbianas menos productoras de metano. Este enfoque coincide con nuevas estrategias legislativas que varios países estudian para reducir la huella de la ganadería, premiando a productores que adopten tecnologías limpias y mejoren el bienestar animal.







































